
La comunidad universitaria es un espacio privilegiado para promover actitudes hacia la resolución de los grandes retos locales y globales que afectan a la humanidad. En relación a la búsqueda de soluciones para consecución de los objetivos de la Agenda 2030, y en concreto en las áreas más directamente relacionadas con la sostenibilidad ambiental, son diversas las universidades que de una u otra forma están realizando iniciativas en esta línea. Según el último Diagnóstico de la sostenibilidad ambiental en las universidades españolas, 2023, elaborado por la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE), el grado de implementación de iniciativas de sostenibilidad ambiental en las universidades encuestadas varía considerablemente ya sea en sus instalaciones, en sus currículums o en sus procedimientos. No obstante, el sistema universitario español avanza de manera gradual y constante en la adopción de estas medidas, alineándose progresivamente con los indicadores propuestos en el informe.
Muchas universidades tienen departamentos exclusivos de sostenibilidad, como es el caso de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Burgos, la Universidad de Extremadura o la Universitat de Barcelona, entre otras tantas, lo cual es de gran interés por el impulso que aportan. Otras, trabajan aspectos puntuales o ámbitos más concretos de actuación. Entre las líneas de trabajo acometidas se encuentran la elaboración de una política ambiental, la participación de la comunidad universitaria, el ahorro de agua y de energía, la movilidad, el urbanismo, la biodiversidad o la gestión de los residuos con el compostaje como uno de los protagonistas.
Éste último aspecto, que es abordado de manera tímida en algunas universidades, está siendo afrontado de forma más ambiciosa por otras, como es el caso de la Universidad Juan Carlos de Madrid, que está dedicando notables recursos para el I+D en Economía Circular con proyectos para la recuperación de residuos y su valorización con el fin de facilitar su incorporación de nuevo al mercado.
Además de lo ya mencionado, podemos afirmar que hay instituciones universitarias que dentro de su línea de avance hacia la economía circular y a la reducción en la generación de residuos, están yendo aún más lejos con una separación clara de los biorresiduos y su tratamiento en los propios campus mediante el compostaje comunitario. Los proyectos en este área son diversos y más o menos ambiciosos dependiendo de los recursos económicos dedicados, el personal inicialmente implicado, del espacio físico o de los residuos leñosos triturados disponibles. Cabe destacar que estas iniciativas son siempre bien recibidas sobre todo por quienes conocen sus beneficios, entre los que podemos destacar: la optimización de la separación de las otras fracciones de residuos (plástico, vidrio, papel), la minimización del transporte de residuos orgánicos, tanto de cocina como de jardines y la obtención de fertilizante de óptima calidad in situ sin apenas costes extra.

En este sentido, podemos mencionar proyectos de diversa índole, como el proyecto piloto promovido por la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) donde en 2023 se pone en marcha el sistema de reciclaje de biorresiduos a través de compostaje comunitario en las instalaciones de la universidad, junto a la primera formación de maestría en compostaje. Este proyecto incluye la recogida de la fracción orgánica de las cafeterías y comedores de las facultades de Biología, Psicología, Rectorado y Escuela Politécnica Superior, junto a residuos de poda triturada procedente de la jardinería del campus, y su posterior tratamiento en la zona de compostaje comunitario ubicada dentro del Espacio Agroecológico de la UAM.
Otro proyecto interesante es el instaurado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA), iniciado en 2019, con la puesta en marcha del “Arrosadia Living Lab” con el objetivo de potenciar el aprendizaje y la investigación sobre sostenibilidad y economía circular a través de actividades de ciencia ciudadana y de voluntariado ambiental. Para ello, han instalado varios módulos compostadores junto al edificio Comedores del campus para tratar más de 400 kg de residuos al año. El compost obtenido se ha venido utilizando para fertilizar distintos ensayos de cultivos. Posteriormente, la UPNA firmó un convenio con la empresa Josenea para desarrollar el proyecto piloto “Bioeconomía circular de residuos orgánicos a escala local con dimensión social y formativa” que resultó ganador en los “Premios de Inspiración Rural 2021: Nuestro Futuro Rural” promovidos por la Red Europea de Desarrollo Rural.
No podemos olvidar el “Compostando Campus – REciclando Materia Orgánica (REMO)” de la Universidad Politécnica de Madrid, impulsado en el 2010 por el catedrático Alberto Masaguer de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB). Tras más de una década gestionando de manera sostenible los residuos orgánicos de sus instalaciones, esta institución cuenta con una planta de compostaje propia, capaz de producir anualmente más de 20.000 kilos de compost. Además, incorpora los residuos generados en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, Forestal y del Medio Natural (ETSIMFMN), incluyendo los restos de jardinería y los procedentes del Arboreto del centro, optimizando así el aprovechamiento de estos recursos.

Otra mención especial es para la Universidade da Coruña, que inicia la andadura del compostaje en sus instalaciones ya en 2011. Allí se composta una buena parte de los residuos orgánicos de comedores junto con restos de jardinería, cerrando el ciclo de la materia orgánica y devolviendo nutrientes al suelo en huertas y plantaciones forestales, lo que supone la prevención de la generación de 20 toneladas de residuos al año. Además sirve como base para la investigación y formación, contribuyendo a crear puestos de trabajo, demostrando que el compostaje comunitario es una alternativa viable para la gestión de los residuos.
También queremos destacar el trabajo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) que lleva, desde hace varios años, centrada en el agrocompostaje en colaboración con la administración local.

Sin duda, existen muchos más ejemplos que resaltar. Por ello, la Universidad de La Laguna, en Tenerife, quiso acoger el Primer Seminario Estatal de Compostaje en Campus Universitarios, que tuvo lugar en septiembre de 2022, con el objeto de poner en común buenas prácticas y establecer una hoja de ruta para la implantación del compostaje descentralizado en estos espacios. El seminario tuvo gran acogida, pues se inscribieron y asistieron tanto online como presencialmente 200 entidades de toda España e iberoamérica. Las conclusiones se expusieron en el último congreso de Composta en RED en Cáceres el pasado octubre de 2024. Éstas no definen unos resultados determinantes, ni una hoja de ruta definida, pero sí indican que hay mucho interés y buenas experiencias, aunque aún queda bastante camino por recorrer.
Y es que el compostaje descentralizado es un proceso muy sencillo, pero a la vez tiene complejidad para su implantación sobre todo para sostenerlo en el tiempo, ya que depende en gran medida del compromiso e implicación de los diversos agentes de la comunidad universitaria. Cada entidad tiene su propia idiosincrasia y hay que estudiarla bien para abordar con éxito este tipo de proyectos, pero sin duda son iniciativas muy interesantes para toda la comunidad universitaria con múltiples beneficios, que deberían institucionalizarse. Ya lo están incorporando numerosos colegios e institutos por su gran potencial educativo, social y ambiental. Ahora les tocaría a las universidades apostar con firmeza por él.
Paula Nevares
03 de marzo de 2025






