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“Considerar el medio ambiente como un lujo es una locura”

11/10/2012

Entrevista realizada a Diego Azqueta, catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid. Publicada en el blog sobre economía y medio ambiente del CONAMA.


azqueta.jpgPregunta. ¿Cómo afecta la crisis al medio ambiente?

Respuesta. Aunque en apariencia la crisis está ayudando a resolver problemas ambientales (por reducir niveles de contaminación o aliviar la presión sobre el medio natural), a medio plazo los va a agravar. Primero porque la urgencia de la crisis hace que la problemática ambiental haya quedado en un segundo o tercer plano. Y en segundo lugar, porque la presión para un cambio de modelo, en el cual las variables ambientales tengan el peso que merecen, también ha desaparecido. Ahora lo fundamental es crear empleo y elevar la tasa de crecimiento, al coste que sea, lo que me temo puede llevarse por delante muchas consideraciones ambientales.

P. ¿Es el cuidado del medio ambiente un lujo en la situación actual?

R. Considerar el medio ambiente como un lujo es una locura. Los servicios que nos proporciona la Biosfera son un activo económico como cualquier otro, en muchos casos esenciales. Pensar que sólo te puedes permitir una mejor calidad ambiental cuando ya has resuelto todos los problemas es perder de vista que para resolver muchas de esas cuestiones necesitas como un insumo el medio natural. El medio ambiente, la salud ambiental, es un insumo necesario para el desarrollo de la sociedad y la sostenibilidad sería por tanto una restricción, no un lujo.

P. ¿Se está equivocando la ciencia económica?

R. Quien afirma eso no sabe nada de economía.  ¿Cuando los gobernantes de un país niegan el cambio climático, decimos que la ciencia ha fracasado? Por supuesto que no. Quien se ha equivocado es quien tomó las decisiones acudiendo a una parte de esa ciencia que afirmaba lo que ellos querían oír o que se ajustaba a sus intereses. La Economía es muchísimo más rica que esos cuatro lugares comunes que oímos todos los días. El problema de base es cómo nos hemos organizado como sociedad, porque estas personas que están decidiendo con base en una economía que ni siquiera debería llamarse como tal, una economía totalmente pedestre, son aquellos que hemos elegido nosotros. No se me ocurriría decir que la culpa de la crisis la tienen los políticos, aunque también. No. La culpa es del sistema financiero y de quienes presionaron y permitieron su desregulación y el crecimiento desmesurado de la economía financiera. Pero no cabe duda que la respuesta política no ha sido la adecuada.

P. ¿Qué tenemos que hacer?

R. Nosotros como país, como sociedad tenemos que cambiar nuestro modelo. ¿Con eso basta? No. Nosotros vivimos en Europa. ¿Qué porcentaje de la contaminación mundial se origina en Europa? Nosotros resolvemos el problema en Europa y no se nota. Tenemos que hacerlo, por supuesto. Pero con eso no basta. La partida se está jugando en el otro lado del mundo, en el mundo que llamamos emergente. El problema lo tenemos que resolver actuando sobre el modelo de crecimiento de los países emergentes. Ellos nos van a decir que harán lo que nosotros hicimos por el camino menos costoso. No podemos repartir ahora la responsabilidad del deterioro ambiental como si no hubiera pasado nada antes. Es necesario compensar financieramente a quien queremos que se desarrolle respetando el medio ambiente, como nosotros no hicimos. Tenemos que pagar,  porque esos países tienen el mismo derecho a utilizar la biosfera como lo hicimos nosotros. En este sentido, un concepto que tiene mucha utilidad es el de deuda ecológica.

P. ¿A qué se refiere esa deuda ecológica?

R. Hay sociedades que están utilizando más servicios de la biosfera de lo que les correspondería, y otras que están utilizando menos. Eso lo podemos calcular con ayuda de la “huella ecológica”. Por poner un ejemplo, hace algunos años se publicó un trabajo que calculaba cuál sería el valor de la deuda ecológica de distintos países [M. Torras, World Development, 31, 2003]. Para ello se hizo lo siguiente: se calculó la huella ecológica de cada uno de ellos  y se comparó con su capacidad biológica (medida en hectáreas normalizadas de productividad promedio). Esta cifra se tradujo a dólares utilizando el trabajo que publicó Constanza en Nature hace ya años y en el que daba un valor económico a cada ecosistema. El resultado era una deuda ecológica de 800.000 millones de dólares al año. Cobrarle a cada país esta deuda en función de esa diferencia sería éticamente inaceptable, ya que implicaría que nuestro derecho a disfrutar de la biosfera dependería de dónde hemos nacido, pero calcularla en función de la parte alícuota que nos correspondería como ciudadanos del planeta sí tendría sentido.

P. ¿Cómo cambiamos nuestro modelo de desarrollo? ¿Es cuestión de impuestos ambientales?

R. Los impuestos ambientales tienen un papel importante. Se dice que España se va a abrir a los impuestos ambientales, pero no nos engañemos, eso son impuestos recaudatorios. El impuesto ambiental óptimo es aquél que si quiere corregir un daño ambiental inaceptable tiene una recaudación cero, porque implicaría que ha desaparecido la actividad que deteriora el medio ambiente. Hay que introducir mecanismos -como los impuestos, tasas, prohibiciones, o pagos para quién conserva-, que modifiquen el comportamiento de las personas, empresas y gobiernos. Conseguir que la variable ambiental sea tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones. ¿Cómo se consiguen introducir esas penalizaciones ambientales significativas? Mediante la presión social.


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Mª Ángeles Lorenzo Quintela
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